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Vivir con mentalidad deportiva

Agustín Olmedo
Autor
Agustín Olmedo
Escribo reflexiones breves sobre cómo vivir con más sentido en el trabajo, en la familia y en lo cotidiano. Escribo desde una mirada cristiana de la vida. Además me inspiro en autores como Simon Sinek y Viktor Frankl, y en mi propia experiencia.

La otra vez buscando algunos papeles, encontré dos medallas de mejor deportista que me dieron en los dos últimos años de la secundaria. En ese momento se me vino el pensamiento de que cuando me daban ese premio entre todos mis compañeros, me quedaba la sensación de que había muchos mejores deportistas que yo. Compañeros con mejor físico, con mejores resultados deportivos, con más facilidad para los deportes que yo. Sin embargo, a la vuelta de los años me doy cuenta de que los profesores de educación física veían en mí a un deportista. Una persona que se esfuerza por mejorar, aunque no sea el mejor de la clase en cuanto a los resultados deportivos. Es que yo, en ese momento, no comprendía qué significaba ser deportista y tener una mentalidad deportiva.

Cuando tenía 15 años empezamos a correr con un amigo, más que nada era como una diversión ya que hablábamos todo el camino y al final del trayecto también nos la pasábamos charlando de distintas cosas de la vida.

Luego al empezar la facultad no hice mucho deporte, porque entre el estudio y el viaje que tenía a la facultad se me complicaba. Pero unos años después, cuando me acostumbré al ritmo universitario y al viaje, volví a salir a correr con frecuencia. Y luego de unos años de entrenamiento, por un compañero de la facultad que había corrido una maratón, pensé: “yo quiero también correr una maratón”. Así fue que empecé a armar un plan de entrenamiento, buscando información por internet. Ese año corrí la media maratón (21k) de Buenos Aires en 1 hora 47 minutos y un mes después la maratón (42k) de Buenos Aires completándola en 4 horas 6 minutos. Al año siguiente empecé a trabajar mientras terminaba la facultad y seguía entrenando pero lógicamente con menos frecuencia. Ese año corrí la media maratón de Rosario (1 hora 53 minutos) y luego volví a correr la media maratón (1 hora 52 minutos) y la maratón de Buenos Aires. Esta vez terminé la maratón en 4 horas 40 minutos. Había entrenado menos y se notó tanto en el tiempo como en el cansancio. El año 2012 empecé a entrenar con más constancia para poder correrla mejor. Y dos meses antes me lesioné en un partido de fútbol con amigos. Cuando fui al médico tenía un desgarro que me iba a dejar 3 meses parado y luego retomar el entrenamiento de a poco.

Después en el año 2013 ya no pude mantener un entrenamiento tan frecuente como para correr una maratón. Pero siempre seguía entrenando cuando tenía algo de tiempo y siempre con la ilusión de volver a correr una maratón. Y ese momento llegó el año 2022, 11 años después de mi última maratón. Empecé a entrenar, me pude organizar para tener una rutina donde hacía deporte casi todos los días. Y me dije este año creo que puedo correrla. Y así fue que corrí la media maratón (1 hora 58 minutos) y la maratón de Buenos Aires en 2022. Esta vez la corrí también en 4 horas 49 minutos. Pero los últimos kilómetros estuve mucho más cansado que en las otras oportunidades. Y como siempre me quedé con ganas de correrla mejor la siguiente vez. Por diversas circunstancias la siguiente vez fue este año 2026. Algo a destacar es que en 2025 pude continuar con el entrenamiento como siempre pero empecé a bajar el tiempo promedio por kilómetro. Y ese año 2025 corrí la media maratón de Buenos Aires en 1 hora 36 minutos. Mi mejor tiempo en 21k. Y este año 2026 pude volver a entrenar con bastante frecuencia y corrí la media maratón en 1 hora 42 minutos y la maratón de Buenos Aires en 3 horas 58 minutos, ¡mi mejor tiempo! Un objetivo que siempre quería: bajar las 4 horas.

Con toda esta historia de mis maratones quiero comentar algunas ideas sobre la mentalidad deportiva. El deportista es perseverante, constante, no se rinde, siempre tiene la esperanza de mejorar su marca aunque no lo consiga por mucho tiempo. No deja nunca de intentar y siempre con la ilusión de que tarde o temprano va a conseguirlo. Y aunque no lo consiga el proceso ha valido la pena. El deportista valora más el proceso que los resultados. Es cierto que los objetivos son como ese incentivo por el que cada día se esfuerza por intentar mejorar pero luego aunque no lo consiga se lo propondrá para la siguiente vez. Siempre lo estará intentando e intentará lo mejor según sus posibilidades.

El deportista valora y disfruta el proceso, el entrenamiento. Sabe que vale la pena y que trae muchas cosas buenas. Aunque muchas veces tenga que entrenar sin ganas, con mal clima, sin estar en las mejores condiciones.

Ahora si consideramos la mentalidad deportiva desde un punto de vista más general, y no solo aplicado al deporte, podemos notar que es muy valioso para vivir una vida plena. Analizando las características que mencioné arriba, una persona con mentalidad deportiva, siempre buscará mejorar en pos de un objetivo y con la esperanza de alcanzarlo. Nunca se desanima, puede tener altibajos pero nunca dejará de intentarlo. Y aunque no consiga en un corto plazo lo que se propone, valorará lo que sí consiguió con su esfuerzo, valorará el proceso por encima de los resultados. Y además no dejará de intentarlo la próxima vez. Estará siempre buscando mejorar aunque sea un poco con respecto a ayer. No comparándose con su mejor versión sino con la más reciente, aunque siempre con ganas de mejorar esa mejor versión. Porque si bien es optimista también es realista. Y sabe que para lograr cambios grandes se necesita un esfuerzo prolongado en el tiempo compuesto de pequeñas acciones. Y se adapta a las circunstancias de la vida. Hará lo mejor que pueda dentro de esas circunstancias y no esperando un momento ideal que quizás nunca llegará.

Comentaba San Josemaría en una meditación:

«¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos corren, pero uno solo alcanza el premio?» 1. (…) El deportista insiste, el buen deportista pasa mucho tiempo entrenándose, preparándose. Si se trata de saltar, lo intenta una y otra vez. Le ponen la barra más alta, y quizá no logra superarla; pero porfía tenazmente, hasta que sobrepasa el obstáculo.

Hijos míos, la vida es esto. Si comenzáis y recomenzáis, va bien. Si tenéis moral de victoria, si hay lucha, con la ayuda de Dios, ¡saltáis! ¡No hay dificultad que no se venza! Cada día será para nosotros ocasión de renovarnos, con la seguridad de que llegaremos al final de nuestro camino, que es el Amor. 2

En este sentido podés preguntarte: ¿Vivo con mentalidad deportiva? Cuando fallo o fracaso: ¿Tengo la actitud de recomenzar con esperanza? En las cosas que considero importantes: ¿soy perseverante y constante?¿Valoro lo que voy consiguiendo aunque sea poco con respecto a lo que espero?¿Busco dar pequeños pasos que me ayuden a conseguir lo que quiero?¿Tengo deseos de cosas grandes en las que valga la pena tanto esfuerzo?

Para terminar, mis profesores de educación física tenían claro qué es ser un buen deportista y con el paso del tiempo comprendí por qué me dieron esos premios. Espero que Tú también puedas vivir con esa mentalidad deportiva que nos brinda una visión realista y optimista a la vez de los obstáculos que nos encontramos en la vida. Y de esta manera puedas vivir con plenitud tu vida porque no te frenarás ante los obstáculos sino que con la vista puesta en la meta y con la ayuda de Dios superarás cada uno.

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